Una ventana abierta… y dentro, pura locura carnavalera.
El personaje asoma como si el barrio estuviera debajo escuchándolo, con ese maquillaje y ese gesto entre drama y cachondeo tan típico de las coplas gaditanas. El “chailo lolailo” ya se oye sin leerlo: diseño muy musical, muy de estribillo pegadizo.
Colorido potente sobre fondo negro, teatral y muy visual.
De los que llaman la atención a diez metros y provocan: “illo, ¿de qué agrupación era eso?”
Para quien no canta bajito — canta por la calle.




